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Reflexiones

“La ternura no es debilidad, es una forma de resistencia ética”: Alfredo Agüero Garrido, trabajador social.

Desde el trabajo comunitario en Chile, una reflexión sobre vínculo, acompañamiento y pedagogía en contextos donde muchas infancias han sido invisibilizadas.

Conversación con Alfredo Agüero Garrido

Trabajador Social — Punta Arenas, Chile

Entrevista realizada por Alberto Canseco, Editor Nota Antropológica. 

La ternura no suele ocupar un lugar cómodo dentro del lenguaje profesional. Con frecuencia se la asocia con debilidad, con fragilidad o incluso con una cierta ingenuidad emocional que parecería incompatible con los espacios donde se toman decisiones, se diseñan políticas o se ejecutan programas sociales. En ese imaginario, la ternura queda relegada a un ámbito íntimo o doméstico, lejos de las prácticas institucionales y del campo de las ciencias sociales.

Pero ¿qué ocurre cuando la ternura se piensa como una pedagogía?

Esa es precisamente la pregunta que atraviesa el trabajo de Alfredo Agüero Garrido, trabajador social radicado en Punta Arenas, Chile. A partir de años de experiencia en el trabajo comunitario con niños, niñas y jóvenes, Agüero ha desarrollado lo que denomina una Pedagogía de la Ternura(s): una forma de comprender el acompañamiento social donde el cuidado, la presencia y el vínculo dejan de ser gestos secundarios para convertirse en herramientas centrales de transformación.

Lejos de una abstracción teórica, su propuesta surge del territorio, de la experiencia cotidiana y de la necesidad de nombrar aquello que muchas veces no aparece en los informes técnicos: las historias, los vínculos y los pequeños gestos que sostienen los procesos humanos.

En esta conversación, Agüero comparte algunas de las escenas que han marcado su trayectoria como educador social. A través de ellas emerge una reflexión profunda sobre el lugar de la ternura en el trabajo comunitario y sobre cómo una pedagogía basada en la proximidad, el reconocimiento y la dignidad puede generar transformaciones reales, tanto en las personas como en las comunidades que habitan.

Alberto Canseco: ¿Quién eres hoy? Más allá de tu profesión, ¿cómo te nombrarías a ti mismo en este momento de tu trayectoria?

Alfredo Agüero: Hoy me reconozco como un educador social más reflexivo, alguien que transita el camino del aprendiz: aprender haciendo. Con los años no he perdido la capacidad de asombro, y eso ha sido fundamental en mi recorrido acompañando a lo que llamo infancias fragmentadas.

Conozco el territorio que habito y reconozco la experticia que existe en lo cotidiano. Me considero un facilitador de la Pedagogía de la(s) Ternura(s), porque descubrí que no hay una sola forma de ternura. La construyo desde los pilares del cuidado, la presencia, el acompañamiento y el vínculo.

Hoy también me nombro como un Asombrauta: alguien que ve asombro donde otros ven rutina; que apuesta por los procesos cuando muchos solo miran los resultados. No ejecuto proyectos: habito y acompaño procesos.

Mis herramientas son sencillas —el arte, la música y los zancos—, pero profundamente significativas cuando se trabajan desde la cooperación genuina y el aprendizaje experiencial. Creo que acompañar territorios es más potente que intervenirlos. Allí la ciudadanía se construye con otros, nunca en solitario.

AC: En tu trayectoria aparece con mucha fuerza la idea del acompañamiento. ¿Qué experiencias de tu historia personal marcaron tu forma de entender el cuidado y el vínculo con otros?

AA: Mi trabajo con niños en situación de calle comenzó cuando tenía 17 años. No tenía experiencia profesional, pero sí un deseo genuino de acompañar y estar presente. El juego se convirtió en mi primer lenguaje pedagógico.

Recuerdo que, después de organizar una tarde recreativa con un partido de fútbol —era la primera vez que visitaba ese lugar—, un niño se me acercó y me preguntó:

Oiga, tío, ¿usted va a venir de nuevo?

Hoy sigo regresando. Son otros niños y otros contextos, pero entendí que todo comenzó con esa pregunta. Ese gesto sencillo entendí que fueron sus historias de vida las que me invitaron a quedarme.

Con el tiempo estudié Trabajo Social en la universidad y comencé a cuestionar algunas nociones que parecían incuestionables dentro de la formación profesional. Una de ellas fue el concepto de intervención, especialmente en el ámbito comunitario.

La intervención suele venir desde fuera, como si buscara reparar algo que no funciona. En cambio, acompañar implica reconocer procesos, valorar saberes y escuchar antes de proponer. No se trata de liderar el cambio, sino de facilitarlo.

Ahí comencé a comprender que el trabajo social también podía pensarse desde otro lugar: desde la presencia, el vínculo y la construcción colectiva de sentido.

AC: ¿En qué momento comenzaste a sentir que tu ejercicio del trabajo social no podía limitarse únicamente a lo técnico?

AA: No fue un quiebre repentino. Fue más bien un proceso gradual de toma de conciencia. Con el tiempo fui descubriendo pequeñas fisuras entre lo que decían los marcos técnicos y lo que ocurría realmente en el territorio.

No desperté un día pensando que lo técnico no bastaba. Pero sí empecé a notar que muchas orientaciones institucionales se tensionaban con la realidad cotidiana.

A veces sentía que a la academia le faltaba calle. Había discursos sobre comunidad que no siempre dialogaban con la experiencia concreta del territorio. Cuando los perfiles profesionales y los saberes disciplinares comienzan a atrincherarse, dejan de reconocer la experticia que existe en lo cotidiano.

Recuerdo momentos en que algunos profesionales dejaron de participar en los talleres porque los consideraban espacios propios de los monitores sociales. Esa ausencia también es significativa, porque cuando el profesional se distancia del territorio pierde presencia y capacidad de acompañamiento.

Las normas técnicas son necesarias; orientan y organizan el trabajo. El problema aparece cuando la forma termina reemplazando el fondo. Cuando el procedimiento sustituye al criterio, cuando el formulario desplaza a la conversación y el cumplimiento administrativo sustituye a la reflexión.

Ahí algo esencial se pierde.

AC: En ese proceso de cuestionamiento aparece la idea de la Pedagogía de la Ternura. ¿Cómo surge ese concepto en tu recorrido?

AA: Todo comenzó a partir de una pregunta muy concreta que nos hizo un magistrado. Nos preguntó en qué se diferenciaba nuestro programa de otros que también trabajaban con infancia y tenían los mismos objetivos.

Yo respondí que teníamos una mirada sociocomunitaria y que realizábamos talleres de zancos y arte circense.

Él respondió:

“Entonces ustedes son más recreativos”.

Ese comentario me hizo comprender que muchas prácticas sociocomunitarias no estaban legitimadas dentro de los marcos técnicos tradicionales. Cuando la práctica se aleja del espacio clínico, pareciera simplificarse o perder valor.

También entendí que nosotros mismos habíamos hecho poco por visibilizar y fundamentar lo que hacíamos.

Entonces comencé a escribir. A sistematizar las experiencias y a registrar las narrativas de niños y jóvenes. Muchas veces sus palabras aparecían como frases dichas al pasar, pero tenían una profundidad enorme. Empecé a anotarlas en una bitácora y a transformarlas en metáforas que ayudaban a comprender lo que estaba ocurriendo en esos procesos.

En ese camino me reencontré con distintos autores que hablaban del componente afectivo en los procesos educativos y de acompañamiento: Carlos Cuassianovich, Humberto Maturana, Agustín Barúa y Herman Van de Velde.

Sus planteamientos ponían en el centro la afectividad, la empatía, la presencia y la cooperación genuina.

Ahí comprendí que la ternura no era simplemente una emoción o un gesto afectivo. Era una posición ética y pedagógica frente al otro. 

AC: En el relato que me compartiste en el primer coreeo aparece también una imagen muy significativa: el equilibrio que se aprende caminando en zancos. ¿Qué te enseñó esa experiencia sobre el acompañamiento?

AA: Uno de los aprendizajes más significativos surgió escuchando a Verito mientras ayudaba a un niño a caminar en zancos por primera vez.

Ella le decía:

“Este es un proceso… no hay que parar de moverse.

Encuentra tu propio ritmo para no perder el equilibrio.

Yo estoy aquí acompañándote.”

En ese momento comprendí algo muy importante: el acompañamiento no consiste en dirigir ni imponer el camino. Consiste en estar presente mientras la otra persona encuentra su propio ritmo.

Acompañar implica presencia afectiva, disposición genuina e interés real por vincularnos. Es sostener un espacio donde cada persona pueda atravesar su proceso sin sentirse sola.

De hecho, una frase que repetimos mucho en los talleres resume bien esa idea:

“Aquí nadie va a dejar que te caigas.

Y si te caes, te ayudamos.

Te levantas… y seguimos.”

Ese mensaje se volvió casi un manifiesto de trabajo: no estás solo. Aquí estamos para acompañarte.

AC: En tu propuesta hablas de Pedagogía de la Ternura(s) en plural. ¿Qué cambia cuando piensas la ternura de esa manera?

AA: No fue algo inmediato. Al comienzo yo hablaba simplemente de ternura y de las crónicas del Asombrauta. Pero con el tiempo comprendí que el plural no solo cambiaba la forma de nombrarla, sino también su sentido.

Empecé a hablar no solo de un saber, sino de saberes compartidos. El asombro dejó de ser una experiencia individual para convertirse en una experiencia colectiva.

Cuando comencé a trabajar en el proyecto de mi libro —La Pedagogía Encubierta— entendí que las historias que estaba registrando ya no eran solo mías. Eran el eco de muchas voces.

En ese camino el Asombrauta comienza caminando solo, registrando lo que ve, lo que siente, lo que le duele y lo que le asombra. Va anotando todo en su bitácora.

Pero el territorio le enseña algo importante: el asombro no le pertenece.

Aparecen entonces los otros.

La niña que dice:

“Desde aquí arriba me ven todos”.

El joven que grita al salir del centro:

“No se olviden de mí afuera”.

La joven que vuelve al centro comunitario después de mucho tiempo.

El educador que comprende que el vínculo no termina cuando termina el turno.

Y el colega que resiste en silencio, sin aplausos.

En ese momento comprendí que la ternura no se enseña como una técnica. La ternura se expande cuando se construye colectivamente.

Por eso hablo de ternura(s): porque cada proceso, cada historia y cada territorio le da una forma distinta.

AC: Entonces el asombro también deja de ser individual.

AA: Exactamente. Al principio uno cree que el asombro es propio, como si fuera una mirada personal sobre el mundo.

Pero en el trabajo comunitario uno descubre que el asombro crece cuando se comparte.

El Asombrauta comienza creyendo que camina solo, pero en realidad va descubriendo que su mirada está hecha de muchas otras miradas.

Por eso digo que ya no se trata de mis crónicas, sino de relatos colectivos. Son historias de quienes todavía conservan la capacidad de asombrarse incluso en medio de contextos muy difíciles.

En ese sentido, la Pedagogía de la Ternura(s) no es un método cerrado. Es una forma de habitar el acompañamiento.

Es reconocer que el aprendizaje también ocurre en la conversación, en una plaza, en un taller de zancos o incluso en un silencio compartido.

AC: En tu experiencia, ¿contra qué se posiciona la ternura? ¿Qué estructuras o lógicas interpela?

AA: Desde mi experiencia —primero como educador de calle y luego como profesional— la ternura siempre ha estado presente, aunque hoy la comprendo de una manera más reflexiva y crítica.

Recuerdo que alguna vez me preguntaron cuáles eran los enfoques o modelos de intervención que sustentaban nuestro trabajo. Yo respondí algo que sigo sosteniendo hasta hoy: lo nuestro es simple, pero no simplista.

Es simple porque comienza con algo muy básico: estar presentes. Mirar, escuchar y acompañar. Pero no es simplista, porque esa presencia requiere formación, reflexión crítica y compromiso ético.

La ternura no se improvisa.

Para mí, la ternura se posiciona contra todas aquellas estructuras que vuelven invisible a un niño o una niña. Contra la lógica que transforma historias en expedientes y presencias en estadísticas.

Cuando eso ocurre, las infancias dejan de ser personas para convertirse en cupos, usuarios, ingresos o egresos dentro de un programa.

Por eso siempre recuerdo que antes de un diagnóstico hay una biografía, y antes de un protocolo hay una historia.

AC: En varios momentos mencionas situaciones muy concretas que marcan tu forma de entender el acompañamiento. ¿Hay alguna que haya dejado una huella especial en tu trabajo?

AA: Sí. Hay una escena que siempre vuelve a mi memoria.

Trabajaba en un centro privativo de libertad con jóvenes. En ese espacio realizábamos talleres de zancos y batucada. Un día uno de los jóvenes terminó de cumplir su sanción y salía del centro.

Cuando me vio en la puerta, frente a su familia y a los funcionarios de seguridad, me gritó:

Tío, no se olvide de mí afuera… zancos y batucada.

Esa frase me acompañó mucho tiempo.

Porque en ese momento él ya no pertenecía al programa. Técnicamente su proceso había terminado. Pero lo que nos estaba diciendo era algo muy distinto: que el vínculo no podía terminar simplemente porque lo indicaba un procedimiento administrativo.

Ahí comprendí que la ternura también desafía la norma técnica.

No para negarla, sino para recordarnos que los procesos humanos no siempre coinciden con los tiempos institucionales.

Ese joven hoy acompaña talleres enseñando a otros niños y niñas a caminar en zancos.

AC: En ese sentido, el arte parece ocupar un lugar importante dentro de tu propuesta pedagógica.

AA: Así es. Con el tiempo comprendí que los zancos no eran solo una herramienta artística o recreativa.

Eran una forma de pedagogía encubierta.

Cuando un niño o un joven se sube a unos zancos ocurre algo simbólico: se eleva. Cambia su perspectiva del mundo y también la forma en que el mundo lo mira.

Por eso digo que los zancos elevan la dignidad.

El arte se convierte entonces en un puente entre el encierro y la libertad, entre lo fragmentado y lo posible.

No pregunta cuántas veces caíste. Pregunta cómo te levantaste.

En ese sentido, el arte también es una forma de ternura en movimiento. 

AC: Hablas de lo que llamas infancias fragmentadas. Desde tu mirada, ¿qué es lo que fragmenta hoy a la infancia?

AA: Cuando hablo de infancias fragmentadas no me refiero únicamente a situaciones de pobreza material. Hablo de contextos que interrumpen los procesos de desarrollo, los vínculos y el sentido de pertenencia de los niños y niñas.

La infancia se fragmenta cuando el cuidado se vuelve inestable; cuando los adultos significativos están ausentes, ya sea física o emocionalmente; cuando la violencia se normaliza o cuando el territorio deja de ser un espacio protector.

También se fragmenta cuando existen muchos dispositivos institucionales, pero poca presencia real. Cuando hay programas, pero no comunidad.

A veces la fragmentación aparece cuando las historias se transforman en expedientes. Cuando los niños y niñas dejan de ser sujetos y pasan a ser diagnósticos, cupos o registros de intervención.

Pero también se fragmenta en lo cotidiano: cuando se exigen resultados sin procesos o cuando la competencia se vuelve más importante que la cooperación.

Desde mi experiencia, lo que más fragmenta es la pérdida del vínculo. Cuando un niño siente que no hay nadie disponible afectivamente para sostenerlo, algo dentro de él comienza a romperse.

Sin embargo, incluso en medio de esa fragmentación el asombro persiste.

AC: En tus relatos aparecen escenas muy concretas del trabajo cotidiano. ¿Recuerdas alguna que haya cambiado tu forma de mirar estos procesos?

AA: Sí. Recuerdo un taller de zancos con jóvenes privados de libertad. Uno de ellos —a quien llamaré “Nadie”— se cayó durante el ejercicio.

Le pregunté cómo estaba después de la caída y me respondió algo que nunca olvidé:

De esto se trata la vida: de caerse y volverse a levantar.

Le pregunté por su brazo, porque parecía haberse golpeado fuerte. Él me respondió con una serenidad que me dejó en silencio:

“No se preocupe, tío. La vida me ha dado golpes más duros”.

En ese momento dejé de mirar su mano y comencé a mirar su historia.

Comprendí que detrás de cada caída hay biografías atravesadas por silencios, ausencias y heridas que muchas veces no aparecen en ningún informe técnico.

Anoté sus palabras en mi bitácora. Escribí que sus frases eran como una cartografía social: un mapa donde los tropiezos se transforman en metáforas vivas.

Ahí también entendí algo muy simple, pero muy profundo.

Los verdaderos implementos de seguridad no son las rodilleras ni las coderas.

El verdadero dispositivo de seguridad es el acompañamiento.

Es la ternura.

AC: En varios momentos mencionas el territorio como un espacio central en tu aprendizaje. ¿Qué te ha enseñado el territorio que no aparece en los manuales o protocolos institucionales?

AA: Antes de ser trabajador social, fui educador de calle. Y esa experiencia no fue simplemente previa a mi formación profesional: fue mi primera escuela de trabajo comunitario.

En ese tiempo teníamos una convicción muy clara: nuestro trabajo comienza en la calle. Allí aprendí que el territorio no es solo un lugar físico; es una trama de relaciones, afectos, historias, identidades y memorias.

Recuerdo una frase de Paulo Freire que marcó mucho mi forma de entender este proceso. Él decía que quien trabaja en el campo de la educación popular sabe muchas cosas que la calle le enseñó.

Con el tiempo comprendí que el territorio es el espacio donde el hacer se transforma en saber. El conocimiento deja de ser abstracto y se vuelve situado.

Se construye en el diálogo, en el encuentro con otros, reconociendo sus historias, sus tensiones y también sus posibilidades.

Primero caminé el territorio. Después aprendí a hacer. Y solo más tarde comprendí por qué hacía lo que hacía.

AC: En ese sentido, también mencionas la diferencia entre el mapa y el territorio. ¿A qué te refieres con esa idea?

AA: Con el tiempo comprendí que el mapa no es el territorio; solo lo representa.

El mapa organiza la intervención. Habla de población objetivo, de cobertura, de indicadores. Pero el territorio siempre desborda esa representación.

El mapa dice “usuarios”. El territorio tiene nombres, historias y preguntas.

Recuerdo una vez que un niño me dijo:

Tío, ¿y ustedes por qué no vienen a ayudarnos a hacer algo?

Esa pregunta no aparece en los informes técnicos. Pero en el territorio tiene una fuerza enorme.

Por eso hoy prefiero hablar de acompañamiento territorial más que de intervención comunitaria.

La intervención muchas veces supone llegar con respuestas. El acompañamiento comienza con una pregunta y con la disposición de escuchar.

Ahí el trabajo social deja de ser solamente una técnica y se convierte en una práctica relacional.

AC: En el relato que compartiste en el primer intercambio aparece una imagen muy interesante: la figura de la “Niña sombra”. ¿Qué representa esa sombra en términos sociales, políticos o afectivos?

AA: Esa historia marcó un momento muy importante en mi trabajo y también en el desarrollo de lo que hoy llamo la Pedagogía de la Ternura(s).

Ocurrió durante un taller de zancos. Me acerqué a una niña de 13 años —a quien llamaré “Nadie”— y le dije que ese año participaría con nosotros en el carnaval del barrio caminando en zancos.

Ella guardó silencio un momento y luego me dijo:

Tío… entonces voy a dejar de ser una niña sombra.

Le pregunté por qué se sentía así. Me respondió algo que todavía me conmueve recordar:

Porque a mí nunca me han elegido para nada.

En esa frase aparece algo muy profundo: la experiencia repetida de no ser nombrada, de no ser convocada, de no ser vista.

La sombra representa justamente eso: la invisibilidad social. Es el lugar donde quedan quienes nunca son elegidos, quienes siempre miran desde afuera.

En muchos espacios educativos o institucionales el reconocimiento se distribuye de forma desigual. Los sistemas meritocráticos tienden a valorar el rendimiento, la conducta o la adaptación, dejando fuera a quienes no encajan en esos moldes.

Con el tiempo, ese mensaje se internaliza. Se convierte en una herida silenciosa: “no soy suficiente”, “esto no es para mí”.

No voy a olvidar nunca que durante el desarrollo del carnaval se mostraba contenta y con una sonrisa me dice: “tío de aquí arriba me ven todos”’…

AC: Y en ese contexto el carnaval adquiere un significado distinto.

AA: Exactamente. El carnaval tenía una dimensión simbólica muy fuerte.

Antes ella iba al carnaval para ver pasar a otros. Ese año iba a participar. Iba a ser visible.

No se trataba solamente de caminar en zancos. Se trataba de romper con esa identidad de sombra, de permitir que apareciera una nueva forma de verse a sí misma.

Ese día yo era director del programa, pero decidí estar presente en el taller. A veces se piensa que estos espacios son solo recreativos, algo que corresponde a los monitores o talleristas.

Pero allí ocurren cosas muy importantes.

Son espacios donde los que nunca son convocados pueden dejar de sentirse invisibles.

Cuando terminó el carnaval, “Nadie” levantó los brazos desde los zancos y me dijo:

Tío… desde aquí arriba me ven todos.

Ese momento resume mucho de lo que significa acompañar procesos: ayudar a que alguien deje de sentirse sombra.

AC: En tu trabajo eliges narrar muchas experiencias desde escenas y relatos concretos. ¿Por qué optar por la narrativa en lugar del lenguaje técnico que suele predominar en los informes institucionales?

AA: El informe técnico cumple una función importante: organiza la información, clasifica procesos y permite registrar lo que se hizo. Pero muchas veces se queda en el nivel del procedimiento.

La narrativa, en cambio, permite comprender cómo se vivió una experiencia.

Los niños, niñas y jóvenes habitan en el relato. En sus palabras aparecen emociones, historias y sentidos que difícilmente caben en una matriz de evaluación o en un formulario institucional.

Cuando escuchamos esas narrativas aparecen unidades de significado muy profundas. Son frases dichas al pasar, pero que contienen una enorme carga simbólica.

En ese proceso fui descubriendo que muchas de esas historias podían convertirse en metáforas que ayudan a comprender lo que ocurre en los procesos de acompañamiento.

Por ejemplo, la ternura no aparece como un indicador dentro de los sistemas de evaluación. Tampoco aparece la espera paciente de ese momento en que un vínculo comienza a construirse.

Pero quienes trabajan en el territorio saben que esos momentos existen y que muchas veces son los que realmente transforman un proceso.

AC: Ahí aparece también la figura del Asombrauta. ¿Quién es ese personaje dentro de tu forma de mirar el trabajo social?

AA: El Asombrauta es una forma de nombrar a quien conserva la capacidad de asombrarse en lo cotidiano.

Es alguien que observa el territorio como si fuera la primera vez. Que reconoce que el saber no pertenece únicamente a la academia.

En el trabajo comunitario el aprendizaje ocurre en muchos lugares: en una conversación en una plaza, en un banco del barrio, en un taller de zancos o incluso en un silencio compartido.

El Asombrauta no escribe desde arriba. Aprende desde la experiencia.

Por eso digo que su escuela es la de la práctica reflexiva: el conocimiento surge desde los pies, sube hacia la cabeza y luego vuelve al territorio transformado.

No deja solamente registros de intervención; intenta dejar huellas de dignidad en los procesos que acompaña.

AC: Pero sostener esa mirada dentro de las instituciones muchas veces no es sencillo. ¿Cómo se puede sostener la ternura en espacios donde predominan el control y los procedimientos?

AA: Es una tensión permanente.

Las instituciones necesitan normas, protocolos y evaluaciones. Eso es necesario para organizar el trabajo.

Pero también es necesario generar espacios donde los equipos puedan reflexionar sobre el vínculo, el cuidado y las herramientas que realmente contribuyen a los procesos de transformación.

Por ejemplo:

  • espacios sistemáticos de supervisión reflexiva
  • indicadores cualitativos que permitan registrar procesos y no solo resultados
  • formación en habilidades relacionales como parte de la competencia profesional
  • trabajo transdisciplinario entre profesionales, educadores y talleristas

En contextos altamente normativizados, como los programas de protección o los centros de responsabilidad penal juvenil, la ternura no significa ausencia de normas.

Significa presencia.

Estar disponibles para escuchar, acompañar y sostener procesos que muchas veces son complejos y dolorosos.

La ternura no depende únicamente de la voluntad individual de un educador. También necesita equipos que reflexionen juntos y liderazgos que comprendan el cuidado como una competencia profesional, no como una debilidad emocional.

AC: ¿Consideras que la ternura puede ser un acto de resistencia? ¿Frente a qué se resiste?

AA: Sí, creo que la ternura puede convertirse en un acto de resistencia.

Se resiste, en primer lugar, a la deshumanización del trabajo social. En muchos contextos institucionales los niños, niñas y jóvenes corren el riesgo de transformarse en “casos”, en “plazas”, en “ingresos” o en “indicadores”.

Ahí aparece un primer gesto reduccionista: la persona queda absorbida por el expediente.

La ternura no se opone a la norma técnica; lo que cuestiona es la norma sin vínculo.

Cuando el trabajo se reduce únicamente al cumplimiento administrativo, se pierde algo fundamental: la dimensión humana del acompañamiento.

En mi experiencia con infancias fragmentadas, la ternura resiste también a otras formas de violencia más amplias: el abandono, la estigmatización y la indiferencia social.

Recordar que el otro es una persona —cuando todo parece reducirlo a un número— es un acto profundamente político.

AC: Pero sostener esa postura dentro de las instituciones también genera tensiones.

AA: Así es. Muchas veces aparecen tensiones cuando la práctica desafía lo esperado o lo normado.

Por ejemplo, cuando los programas tienen tiempos definidos de egreso, pero el vínculo con los niños o jóvenes continúa más allá de esos plazos. El procedimiento dice que el proceso terminó; la experiencia humana dice que aún hay historias abiertas.

También ocurre cuando la presencia excede el horario institucional.

Recuerdo una ocasión en que fui a ver jugar un partido a un niño con el que trabajábamos. Ese día no me correspondía trabajar. Cuando llegué, algunos familiares me preguntaron por qué estaba ahí si no estaba en horario laboral.

Les respondí algo muy simple:

“Porque él me invitó”. Y cuando te invitan se responde genuinamente con presencia.

Ese gesto puede parecer pequeño, pero muchas veces rompe con la lógica institucional que limita el vínculo a un turno o a un programa.

La presencia enseña mucho más que cualquier discurso.

AC: En tu relato también mencionas tensiones internas dentro de las propias instituciones.

AA: Sí. En muchas organizaciones existen dinámicas complejas que no siempre se hacen visibles.

A veces aparecen estructuras jerárquicas muy rígidas donde algunos trabajadores concentran poder simbólico dentro de los equipos. Otras veces surgen pactos de silencio frente a situaciones de maltrato o injusticia laboral.

Hay frases que circulan dentro de esas culturas organizacionales y que dicen mucho de lo que ocurre:

“Aquí no hay que brillar.”

“Así se ha hecho siempre.”

“Cuídate de la gente, no de los jóvenes.”

“Muchos no aguantan y se van.”

Cuando esas lógicas se normalizan, el maltrato se vuelve parte del paisaje cotidiano.

En esos contextos sostener una práctica basada en el cuidado, la presencia y la ternura también implica resistir.

Porque la ternura no solo se dirige hacia los niños y jóvenes. También debería formar parte de la forma en que las instituciones cuidan a quienes trabajan en ellas.

AC: Hablar de ternura dentro del campo profesional no siempre es bien recibido. ¿Qué riesgos implica sostener esa idea en el trabajo social contemporáneo?

AA: A veces la ternura se interpreta como una debilidad o como una falta de rigor técnico. Se piensa que lo profesional debe mantenerse distante, neutral, casi desprovisto de emoción.

Sin embargo, cuando hablo de ternura estoy hablando de presencia, de acompañamiento y de vínculo.

En instituciones centradas en el control, esta mirada puede generar incomodidad. A veces incluso puede situar a quien la sostiene en un lugar incómodo dentro del equipo: “demasiado sensible”, “demasiado involucrado”.

Pero el verdadero riesgo quizá no sea hablar de ternura, sino dejar de hacerlo.

Cuando el campo profesional se vacía de afectividad ética, corre el peligro de volverse meramente administrativo.

En mis lecturas y reflexiones sobre la Pedagogía de la Ternura encontré autores como Carlos Cuassianovich, Humberto Maturana, Agustín Barúa y Herman Van de Velde, quienes sitúan la afectividad, la empatía y la cooperación genuina en el centro de los procesos educativos y sociales.

La ternura no es permisividad ni ingenuidad. Es una ética del vínculo que implica responsabilidad.

El verdadero riesgo no es sostener la ternura. El riesgo es ejercer la profesión sin ella.

AC: Después de tantos años de trabajo en estos territorios, ¿qué preguntas siguen acompañándote?

AA: Hay varias preguntas que todavía me habitan.

¿Estamos realmente protegiendo a las infancias o solo administrando vulneraciones?

¿Cómo sostener la ternura sin que el desgaste institucional termine apagándola?

¿Qué significa realmente “estar” para una infancia que ha aprendido a no esperar a nadie?

¿Cómo evitar que un niño o una niña vuelva a decir:

“no se olviden de mí afuera”?

¿Cómo construir espacios socioeducativos donde nadie tenga que sentirse una sombra?

¿Por qué cuesta tanto sacar la intervención del espacio clínico y reconocer la importancia del trabajo sociocomunitario?

¿Por qué las instituciones muchas veces prefieren no ver sus propios puntos ciegos?

Y quizá una de las preguntas más urgentes es esta:

¿por qué hablamos tan poco de la necesidad de cuidar a quienes cuidan?

AC: En tus escritos aparece también una imagen final que resume tu mirada sobre el trabajo social. ¿Cómo describirías hoy ese camino?

AA: Lo describiría como el camino de un educador que sigue buscando sentido.

No es la prisa del activismo lo que lo mueve, sino la reflexión sobre lo que ocurre en los territorios.

En un mundo que premia lo visible y lo inmediato, apuesta por los procesos.

Lo guía una ética del cuidado y de la presencia.

No busca respuestas definitivas.

Su trabajo puede parecer simple, pero no es simplista.

Camina por territorios muchas veces silenciados, acompañando a quienes han sido nombrados como “nadie”.

En su bitácora invisible registra historias de dignidad.

Porque en su pedagogía encubierta la ternura también puede ser subversiva.

Y la esperanza —como recordaba Paulo Freire— no se espera: se busca.

Es la crónica de un Asombrauta que sigue caminando para que nadie vuelva a sentirse sombra.

Alfredo Agüero Garrido

Alfredo Agüero es trabajador social con más de 37 años de experiencia en el ámbito socioeducativo y comunitario. Ha desarrollado su labor principalmente en el trabajo con niños, niñas y adolescentes en contextos de vulneración de derechos, destacando por su compromiso con el bienestar social, la participación comunitaria y la implementación de programas y políticas públicas a nivel territorial. Su trayectoria combina la intervención directa, el diseño de iniciativas sociales y la formación de agentes comunitarios, con un enfoque centrado en la dignidad, los vínculos y la transformación social desde lo cotidiano.

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  • Pictory es útil para reutilizar contenido de video. Puede convertir videos largos, como entrevistas o seminarios web, en clips breves con subtítulos, ideales para redes sociales. Ofrece una prueba gratuita de 14 días y planes desde US$19 mensuales.
  • Wisecut es ideal para videos breves. Puede eliminar silencios, agregar subtítulos y sugerir música. Es muy útil para transformar entrevistas o conferencias de prensa en clips para redes sociales. Tiene prueba gratuita y planes pagos desde US$10 mensuales.
  • CapCut es gratuito y fácil de usar, con funciones de IA para eliminar fondos, convertir texto a voz, añadir transiciones y efectos populares en TikTok, entre otras opciones. Los planes pagos comienzan en US$9,99 mensuales.
  • Veed.io ofrece subtitulado, traducción, grabación de pantalla y plantillas de marca. Es apropiado para crear paquetes de noticias pulidos o videos explicativos. Es gratuito en su versión básica y cuenta con planes pagos desde US$12 mensuales.

Generador de voces

  • Play.ht permite generar voces personalizadas con IA que se alinean con la marca o imitan el estilo de un periodista, asegurando una narración uniforme. Ofrece prueba gratuita para probar sus funciones.
  • ElevenLabs brinda síntesis de voz expresiva y de alta calidad, con control sobre tono, ritmo y estilo, ideal para narrativas impactantes o documentales. Gratis para uso básico, con planes pagos desde US$5 al mes.
  • Artlist cuenta con una amplia biblioteca de voces y música de fondo categorizada por género, estado de ánimo y aplicación. Planes desde US$9,99 al mes.

Generación de imágenes

  • Leonardo.ai es excelente para producir ilustraciones realistas, arte conceptual o gráficos noticiosos personalizados con apariencia profesional para noticias de última hora. Gratis para uso básico, con planes pagos disponibles.
  • Ideogram se usa principalmente para logotipos y diseños centrados en texto. Útil para crear logos de programas, títulos de secciones o gráficos para redes con texto personalizado integrado. Gratis para uso básico, con planes pagos desde US$7 al mes.
  • Playground genera imágenes de retratos estilizados y de alta calidad, útiles para ilustraciones de reportajes, reconstrucciones ficticias o arte editorial. Gratis para uso básico, con planes pagos desde US$12 al mes.

Fuente: Crónica Viva

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Reflexiones

Quince años de ÁBACOenRed

Herman Van de Velde, Estelí, 24-02-2026.

ÁBACOenRed, surgido de prácticas liberadoras vividas,
de la cooperación genuina experienciada históricamente,
de una pedagogía crítica que cuestiona, dialoga y propone,
transforma, humaniza, construyendo saberes juntas/os,
en horizontalidad, dignidad y conciencia revolucionaria.

Hace quince años, desde aquel nacer, en 2011,
cuando un curso virtual inició y fue semilla
de sueños compartidos, acompañando el aprender,
ÁBACOenRed encontró su rumbo, construyó caminos,
dejando huellas que nos hacen reflexionar, siempre.

Nos miramos adentro, para andar con paso firme,
divulgando la Visión vital de Cooperación Genuina
con su horizonte claro: transformación constante.
El ambiente, un tejido de confianza y autocrítica,
donde el error es abono y la crítica, caricia que construye.

Desde tierras de una Nicaragua, digna y soberana,
hacia Centroamérica y Nuestramérica entera,
ÁBACOenRed, antes de ser nombre, fue experiencia;
antes de ser red, encuentro; antes de ser horizonte, pregunta,
como quien siembra conciencia y riega esperanza.

Pilares que sustentan, no con rigidez, sino humanos:
el escucharnos, no para juzgar, sino para comprendernos
y descubrirnos como un mundo nuevo y digno.
Y en ese andar, aprender a respetarnos y disfrutarnos,
desde la esencia de una diversidad obvia y necesaria.

Luego vino el compartirnos, sin prisas ni recetas,
la dicha de saberse parte de una misma historia,
con identidad EcoPerSocial, como raíz y como vuelo.
El compromiso brotó, no como una carga,
sino como el fruto tierno de reconocerse.

En el centro un valor que nos sostiene:
la inclusión motivadora, que nunca excluye,
sino que es expresión de solidaridad esencial,
fuerza que convoca, abraza, comparte y transforma.
ÁBACOenRed no es estructura, es tejido vivo.

ÁBACOenRed es comunidad que también aprende,
porque en cada voz que escucha, en cada mano tendida,
en la diversidad que abraza sin fronteras,
sigue creciendo este sueño que nació en Nicaragua
y hoy florece en el corazón de Nuestramérica.

Eres Visión hecha verbo, eres historia, camino y horizonte,
eres una red que nos abraza, un aprender sin fronteras.
Que siga la cosecha, que siga el diálogo en encuentro,
que despierta conciencia y siembra futuro, para ser siendo,
porque en tu andar crece la patria grande que soñamos.

La transformación deja de ser promesa y se vuelve Vida.
Quince años de cooperación genuina, camino y horizonte.
Quince años tejiendo educación alternativa popular
como práctica revolucionaria, pedagogía en movimiento.
¡Felicidades Comunidad socioeducativa “ÁBACOenRed”!

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Eventos

Apertura de la cátedra universitaria en Cooperación Genuina 2026

La Casa de la Soberanía Miguel d’Escoto Brockmann de la UNAN-Managua tiene el honor de invitarle a la Ceremonia de Apertura de la Cátedra Universitaria en Cooperación Genuina 2026.

📆Día: miércoles, 25 de febrero de 2026

🕜Hora: 10:00 a.m.

📍Local: Auditorio Héroes de la Paz, RURD

💻En vivo vía Microsoft Teams y YouTube

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Experiencias

Clausura de la Cátedra Cooperación Genuina – 2025

Con visión estratégica y compromiso la Casa de la Soberanía Miguel d’Escoto Brockmann, realizó la clausura de la Cátedra Universitaria en Cooperación Genuina, en el Auditorio Héroes de la Paz de la UNAN Managua. En este espacio se presentó una síntesis de los siete encuentros desarrollados durante 2025, en los que se abordaron temas fundamentales para el modelo educativo y social del país, como la Cruzada Nacional de Alfabetización, el Modelo de Salud Familiar y Comunitario, el cooperativismo y el fortalecimiento de la cultura nicaragüense.


Durante la jornada, Herman Van de Velde expuso los Retos y Desafíos para 2026, destacando la necesidad de seguir promoviendo una Cooperación Genuin,a ética y horizontal, orientada al desarrollo humano, la justicia social y la construcción colectiva del conocimiento.

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Reflexiones

La IA como desafío pedagógico

La Inteligencia Artificial (IA) se ha instalado en nuestro día a día profesional y cotidiano. Predictiva o generativa nos está ayudando a modificar, enriquecer y transformar rutinas y procesos. Estos cambios llegan unidos a desafíos y debates éticos cada vez más complejos. Pero también traen soluciones y oportunidades que nunca antes habíamos imaginado. En todos los casos, emerge la necesidad de potenciar la transferencia y la divulgación para construir otra narrativa, menos distópica y más constructiva, sobre este desarrollo tecnológico. Sin olvidar sus interrogantes y problemas, tenemos hoy la oportunidad de hacer una pedagogía más completa, humanista y crítica de lo que es y no es la Inteligencia Artificial. Para ello, el trabajo de transferencia y comunicación más allá del ámbito académico es imprescindible. Se requieren de nuevos formatos, entregables y acciones que acerquen la academia a los registros, los diálogos y los lenguajes de la sociedad en su conjunto. A continuación, se presentan dos proyectos que, en el campo de la IA y otras tecnologías vinculadas con el periodismo, tratan de hacerlo.

Dos proyectos para repensar el futuro desde el presente

El proyecto La inteligencia artificial para el fomento del periodismo de calidad y la alfabetización mediática: Avances tecnológicos aplicados y desafíos en la era de la desinformación (Referencia PID2023-149759OB-I00) es una iniciativa derivada de la convocatoria 2023 de «Proyectos de generación de conocimiento» y actuaciones para la formación de personal investigador predoctoral asociadas a dichos proyectos, en el marco del Programa Estatal para Impulsar la Investigación Científico-Técnica y su Transferencia, del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación 2021-2023.

 El Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB, junto a varias universidades españolas y un ecosistema de entidades e iniciativas colaboradoras, impulsa este proyecto bajo el liderazgo, como Investigador Principal (IP), de Santiago Tejedor. La iniciativa cuenta con la participación de investigadores de la Universidad San Jorge de Zaragoza, la Universidad Valladolid y la Universidad Abad Oliva CEU de Barcelona. El proyecto parte de la necesidad de que los medios en España y la región iberoamericana en su conjunto implementen directrices, estrategias hojas de ruta que fomenten el uso de la IA para mejorar la producción y promoción de contenidos informativos. Con relación a ello, a pesar del gran volumen de títulos publicados, sigue siendo crucial contar con un mayor acervo de materiales que generen pautas y recomendaciones orientadas a transformar y resolver problemas del sector periodístico desde una perspectiva transversal y holística. El objetivo es redefiniradaptar mejorar el periodismo mediante la adopción de: recursos, herramientas, procesos rutinas derivadas de las posibilidades de los nuevos avances tecnológicos de la IA.

El proyecto pretende generar una cartografía multimedia e interactiva con iniciativas a nivel mundial que han implementado la IA en algunas de las etapas del proceso de generación de contenidos informativos. Además, se prevé la construcción de un catálogo de estudios de casos y experiencias de éxito, así como un acervo de infografías, mapas conceptuales, cápsulas audiovisuales y otros entregables. La iniciativa, que desarrolla un amplio número de entrevistas a expertos, generará un libro blanco dirigido al conjunto de la ciudadanía, especialmente, a periodistas y comunicadores. Por otro lado, en el ámbito académico, se ha planificado la presencia en congresos nacionales e internacionales, así como la publicación de artículos y capítulos de libros. Junto a ello, el proyecto ha diseñado una gran estrategia mediática mediante noticias, reportajes, crónicas y entregables sonoros y audiovisuales en diferentes formatos.  

Junto a este proyecto, la Cátedra RTVE-UAB para la Innovación de los Informativos en la Sociedad Digital da forma al Observatorio para la Innovación de los Informativos en la Sociedad Digital (OI2). Este proyecto, impulsado por Radio Televisión Española y el Gabinete de Comunicación y Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), se centra en el estudio, el monitoreo y la investigación de las últimas tendencias en el ámbito de los informativos televisivos con el objetivo de demostrar cómo estas iniciativas se pueden desarrollar de forma sostenible y adaptadas a la economía actual.

La IA como objeto de estudio insoslayable

El Gabinete de Comunicación y de Educación es un grupo consolidado y especializado en la investigación y divulgación científica, que pertenece al Departamento de Periodismo y Ciencias de la Comunicación de la UAB. Reconocido por AGAUR (Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca) de la Generalitat de Catalunya como Grupo de Investigación Consolidado en función de su trayectoria, proyección y desarrollo, desarrolla proyectos e investigaciones en el terreno de convergencia entre la comunicación y la educación. Desde su creación, ha desarrollado iniciativas destinadas a integrar, con conciencia y libertad, las tecnologías de la comunicación en la denominada sociedad global o del conocimiento. Bajo la dirección de Santiago Tejedor, el Gabinete organiza diferentes másteres propios, como el Máster en Periodismo de Viajes (presencial y online), el Máster de Comunicación y Educación, el Máster de Comunicación del Medioambiente y el Máster en Gestión de la Comunicación Política y Electoral. El grupo posee una colección de publicaciones, en forma de artículos científicos, libros y capítulos de libro, y otros trabajos, muy amplia y variada que se renueva constantemente. Además, cuenta con un laboratorio de proyectos de innovación docente, transferencia y nuevos formatos que se conciben y desarrollan desde una perspectiva basada en la creatividad y el trabajo multidisciplinar. El Gabinete organiza cada año una expedición académica que recorre el mundo con estudiantes de diferentes universidades y carreras. Se trata de la Expedición Tahina-Can que ha sido premiada como mejor proyecto educativo de España. Además, cuenta con el portal Tu Aventura, la plataforma educativa InfoEDU y el proyecto de newsgames y ciencia Reporteros de la Ciencia.

Tomado de Insurgencia Magisterial

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Eventos

“Foro Evidencia para la Acción” – Nairobi, 2025

Nuestro equipo de ÁBACOenRed (VIdA) estuvo presente en #PALEvidenceForActionForum, un evento que reunió voces globales para compartir aprendizajes, innovaciones y enfoques prácticos que mejoran los resultados del aprendizaje fundacional. Ttambién se celebró el 10mo aniversario de PAL Network y se presentó el Informe ICAN-ICAR 2025.

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Evaluación Nacional ICAN ICAR

Levantamiento de datos de ICAN ICAR

Ya inició el levantamiento de datos de ICAN ICAR. Las dos primeras jornadas de trabajo se llevaron a cabo el 6 y 7 de septiembre de 2025 en el que las/os voluntarias/os de las Escuelas Normales de Formación Superior visitaron más de 3000 hogares para aplicar ejercicios sobre lenguaje y matemáticas a niñas y niños de entre 5-16 años. Todo ello como parte del proyecto ICAN ICAR apoyado por PAL Network y en coordinación con MINED – Dirección de Formación Docente en Nicaragua.

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Evaluación Nacional ICAN ICAR

Capacitaciones regionales en Escuelas Normales de Formación Superior

Del 29 de agosto al 03 de septiembre de este año 2025 se desarrollaron las Capacitaciones Regionales de ICAN ICAR en las 8 Escuelas Normales de Formación Superior de Nicaragua. Se capacitaron a más de 500 voluntarios y voluntarias que participarán en el levantamiento de datos de ICAN ICAR con familias y niñez de 5-16 años en 361 localidades de 64 municipios de nuestro país.