En Centroamérica, y particularmente en las zonas geográficas calificadas como “trópico seco”, la falta de oportunidades para mejorar la vida en el campo, derivada de políticas macroeconómicas inapropiadas, guerra y sequía, desde hace décadas, ha obligado a las familias a migrar hacia otras zonas del país, e incluso hacia el extranjero, en busca de oportunidades de empleo. El proceso constante de emigración, como consecuencia de poca
capacidad para emplearse y crear nuevos empleos en sus unidades productivas, impide a las comunidades contar con perspectivas de estabilidad para sus vidas y la de sus familias.