A finales del año 20051 (¡hace más de 10 años!), en el apartado de ‘OPINIONES’ de El Nuevo Diario, pude compartir con las/os lectoras/es la tesis pedagógica que expresa: “ya es hora de ‘dejar de querer enseñar para que aprendamos juntas/os’”. Este enfoque hacia el aprendizaje, ya no como complemento de la enseñanza, sino como el enfoque principal del quehacer educativo, no es nuevo. Sin embargo, lo nuevo, aunque no parezca, consiste en, no sólo concebir, no sólo percibir, no sólo pensar, sino también sentir y actuar dentro de un marco donde el aprendizaje es el enfoque central, tanto para el o la estudiante, como para el o la docente, del nivel educativo que sea. Se trata de un cambio profundo de actitud ‘docente’, donde yo, aunque me toca estar al frente y cumplir una responsabilidad organizativa, aprovecho esta misma para compartir (la responsabilidad) e involucrar al grupo de personas entre
quienes nos toca trabajar conjuntamente. Y lo hacemos de tal manera que EN CONJUNTO construimos una oportunidad de aprendizaje, integrante de una actitud emprendedora de calidad. Si logramos esto, en mayor o menor medida – dependiendo del nivel de ‘inter-dependencia’2 que hemos logrado, también será nuestra decisión propia y consciente querer aprovechar esta oportunidad o no hacerlo. Ni lo dudo que, al construir conjuntamente estas oportunidades, también nuestra decisión será querer aprovecharla.