Tomado de: https://www.academia.edu/
David Sarantes – Nicaragua 2016
Introducción
La Cooperación Genuina nos invita a construir relaciones basadas en la confianza, el respeto mutuo, la participación consciente y el compromiso compartido. Desde esta perspectiva, la construcción colectiva ocupa un lugar central, al reconocer que ninguna persona, por sí sola, posee todas las respuestas ni todas las capacidades necesarias para enfrentar los desafíos que plantea la vida en comunidad.
La búsqueda de relaciones más horizontales también nos confronta con preguntas importantes. ¿Qué lugar ocupa el liderazgo en procesos que aspiran a compartir poder? ¿Cómo orientar sin imponer? ¿Cómo asumir responsabilidades de conducción sin reproducir prácticas autoritarias? Estas preguntas adquieren especial relevancia en espacios comprometidos con la Cooperación Genuina. Más que cuestionar la necesidad del liderazgo, nos invitan a reflexionar sobre su sentido y su ejercicio. En ocasiones, el desafío no radica únicamente en evitar la concentración del poder o la desvinculación del bien común, sino también en reconocer que la construcción colectiva requiere orientación, articulación y capacidad de conducir procesos. Reflexionar sobre esta tensión resulta particularmente importante cuando el afán de compartir decisiones puede llevar, involuntariamente, a debilitar liderazgos necesarios para sostener el horizonte colectivo.
No basta caminar juntas, las orugas y las personas
En distintos lugares del mundo existen orugas de mariposas nocturnas que desarrollan un comportamiento colectivo singular. Se desplazan formando largas cadenas, unas detrás de otras, manteniendo contacto físico permanente y siguiendo rastros químicos dejados por la oruga que encabeza el recorrido. Su organización no es casual; constituye una estrategia de supervivencia. Al avanzar agrupadas, estas orugas reducen riesgos frente a depredadores, aumentan su capacidad de orientación y en algunos casos, incluso generan la apariencia visual de un organismo más grande, semejante a una serpiente, como mecanismo de defensa ante aves y otros cazadores.

Biológicamente, este comportamiento responde a dinámicas de cooperación instintiva. Despland (2013), en su estudio sobre la plasticidad del comportamiento colectivo en un folívoro nómada de principios de primavera, muestra cómo la coordinación grupal permite a las orugas mejorar su orientación, mantener la cohesión del grupo y aumentar sus posibilidades de supervivencia. Ninguna oruga, por sí sola, posee la misma capacidad de protección que el colectivo organizado. La fuerza radica en la articulación, la coordinación y la capacidad de mantenerse conectadas entre sí. Cada individuo cumple una función dentro del desplazamiento grupal, haciendo posible la supervivencia común.
Sin embargo, la misma lógica colectiva que fortalece al grupo también revela una paradoja inquietante. En determinadas circunstancias, estas orugas pueden quedar atrapadas en un fenómeno conocido como “círculo de la muerte” o “molino de orugas”. La formación pierde la capacidad de orientarse hacia adelante y termina cerrándose sobre sí misma. Lo que normalmente permite avanzar y proteger al colectivo deja de cumplir su función orientadora. Aunque las orugas continúan cooperando y manteniendo su coordinación, el movimiento pierde dirección y propósito. En algunos casos permanecen girando hasta el agotamiento y la muerte.

Esta anomalía biológica ofrece una metáfora poderosa para reflexionar sobre el liderazgo y la cooperación humana. La Cooperación Genuina no consiste únicamente en caminar juntas y juntos, sino también en construir conciencia colectiva, sentido compartido y capacidad de orientación. Un colectivo puede estar altamente articulado y, aun así, perder horizonte. Y cuando esto ocurre, la ausencia de liderazgo consciente puede transformar la cooperación en repetición, desgaste y estancamiento colectivo.
Ese contraste —entre la potencia protectora de la cooperación y el riesgo de caminar en círculos— abre preguntas fundamentales sobre el liderazgo, el poder compartido y la construcción colectiva de propósito.
El liderazgo en la Cooperación Genuina
La Cooperación Genuina reconoce que todas las personas poseen habilidades, experiencias y virtudes valiosas para contribuir a la construcción colectiva. Reconocer el valor de cada persona no significa desconocer que existen roles, responsabilidades y aportes diferenciados dentro de un colectivo.
El liderazgo constituye una responsabilidad asumida al servicio del propósito común. Su razón de ser no radica en dirigir personas ni en concentrar decisiones, sino en contribuir a que el colectivo conserve claridad sobre su horizonte, fortalezca su capacidad de organización y pueda responder conscientemente a los desafíos que enfrenta.
En la Cooperación Genuina, el liderazgo debe tener la capacidad de generar confianza, promover participación consciente, facilitar aprendizajes y fortalecer la autonomía colectiva. Su legitimidad no proviene de la autoridad jerárquica, sino de la coherencia ética, el compromiso con el bien común y la capacidad de contribuir al crecimiento de las demás personas.
La Cooperación Genuina tampoco exige que todas las personas lideren de la misma manera ni en todo momento. Existen liderazgos diversos que emergen según las circunstancias, las capacidades y las necesidades del proceso colectivo. Hay quienes orientan estratégicamente, quienes facilitan la comunicación, quienes acompañan emocionalmente, quienes promueven la reflexión crítica o quienes articulan esfuerzos para alcanzar objetivos comunes.
Lo importante no es que todas las personas desempeñen funciones idénticas, sino que cada aporte contribuya al fortalecimiento del colectivo y al logro de un horizonte compartido. Como señala Van de Velde (2017), “se trata de un liderazgo más exigente en cuanto a su horizontalidad y necesidad de cooperación genuina dentro del equipo, esto también implica una clara distribución de funciones y facultades para evitar la confusión”. Lejos de debilitar la construcción colectiva, la claridad de roles y responsabilidades fortalece la cooperación, favorece la articulación de esfuerzos y permite que el poder compartido se ejerza de manera consciente y efectiva.
El desafío de liderar sin imponer
En los espacios comprometidos con la Cooperación Genuina existe una preocupación legítima por evitar prácticas autoritarias, verticales o excluyentes. La horizontalidad, la participación y la construcción colectiva de decisiones constituyen valores fundamentales para quienes apostamos por relaciones basadas en el respeto mutuo, la confianza y el poder compartido.
Sin embargo, en algunos procesos emerge una tensión menos visible: el temor a ejercer liderazgo. Personas con capacidad de orientar, articular, facilitar decisiones o leer críticamente los contextos terminan limitando su participación por miedo a ser percibidas como autoritarias. En nombre de la horizontalidad, el liderazgo puede volverse tímido, dubitativo o excesivamente cauteloso al momento de asumir responsabilidades de conducción colectiva.
Esta situación plantea un desafío importante. Un colectivo necesita orientación, capacidad de lectura del contexto, articulación de esfuerzos y construcción compartida de horizonte. Cuando quienes poseen condiciones para contribuir en estas tareas renuncian sistemáticamente a ejercerlas, se generan vacíos que dificultan la toma de decisiones, la coordinación de acciones y la respuesta oportuna ante los desafíos comunes.
La búsqueda de relaciones horizontales no debería conducir a la negación del liderazgo, sino a su transformación. Compartir poder no significa renunciar a la responsabilidad de orientar. Tampoco significa desaparecer como referente cuando el colectivo necesita claridad, articulación o capacidad de respuesta. Un liderazgo coherente con la Cooperación Genuina no necesita imponerse, pero sí necesita asumir su responsabilidad. Su desafío consiste en orientar sin dominar, facilitar sin controlar y contribuir al movimiento colectivo sin apropiarse de él.
Cuando el liderazgo renuncia a liderar
Los colectivos rara vez se debilitan de un día para otro. Con frecuencia, el desgaste comienza de manera silenciosa. Las decisiones se postergan, las responsabilidades se diluyen, las prioridades pierden claridad y los esfuerzos individuales dejan de articularse alrededor de un horizonte común. Aunque las personas continúan comprometidas y mantienen su disposición a colaborar, el movimiento colectivo empieza a perder dirección.
La cooperación, por sí sola, no garantiza orientación. Un grupo puede estar conformado por personas altamente capaces, comprometidas y solidarias, y aun así experimentar dificultades cuando nadie asume la responsabilidad de ayudar a leer el contexto, facilitar acuerdos, impulsar decisiones o sostener el propósito compartido.
En estos casos, el problema no radica en un exceso de liderazgo, sino en su ausencia o debilitamiento. La renuncia sistemática a ejercer liderazgo puede generar vacíos que afectan la capacidad del colectivo para responder a los desafíos, adaptarse a los cambios y proyectarse hacia el futuro.
La metáfora de las orugas vuelve a adquirir sentido. Su fortaleza no reside únicamente en caminar juntas, sino en conservar la capacidad de avanzar. Cuando la orientación desaparece, la cooperación corre el riesgo de transformarse en movimiento sin rumbo.
Por ello, uno de los desafíos más importantes para quienes creemos en la Cooperación Genuina consiste en asumir el liderazgo como una responsabilidad ética con el colectivo. No para mandar, controlar o imponer, sino para contribuir a que las personas, los procesos y los propósitos continúen encontrando dirección, sentido y horizonte compartido.
Esta reflexión constituye una invitación a las lideresas y líderes de nuestras comunidades, organizaciones y colectivos a ejercer plenamente su papel dentro de la Cooperación Genuina. No desde la búsqueda de protagonismo o reconocimiento, sino desde el compromiso de orientar, articular y sostener los procesos colectivos cuando las circunstancias lo demandan. Porque no basta caminar juntas. También es necesario saber hacia dónde avanzar.
Referencias
- Despland, E. (2013). Plasticity of collective behavior in a nomadic early spring folivore. Behavioral Ecology, 24(2), 428–435.
- Van de Velde, H. (2017). Liderazgo compartido, desde un enfoque de “Cooperación Genuina” ÁBACOenRed.






