En los últimos años se ha diferenciado y ‘refinado’, cada vez más, el análisis sobre las organizaciones y movimientos sociales urbanos. Ya no es solamente cuestión de elegir entre un enfoque más estructuralista o una lectura más interaccionista, es decir, entre un análisis que enfatiza las estructuras sociales y políticas, el examen de las condiciones incambiables que marcan el nacimiento y desarrollo de las organizaciones y movimientos sociales, o un análisis que enfatiza, por un lado, las estrategias y el intercambio entre los distintos actores, como el Estado, las ONGs, la Iglesia y los partidos políticos y, por otro lado, la dinámica de las organizaciones o movimientos en estudio. Ambos enfoques padecen de problemas, aunque es justo reconocer que ambos ayudan a analizar y entender la formación, las circunstancias, los límites y las vicisitudes de las organizaciones y movimientos sociales urbanos.