Qué pregunta el preguntar. Eduardo Álamos, 2018
Hablemos de la pregunta, o más bien, de qué pregunta el preguntar. Es Paulo Freire, junto a Antonio Faúndez, en su libro “Por una pedagogía de la pregunta” donde se nos advierte, también desde la pedagogía crítica, que la enseñanza
busca entregar respuestas predeterminadas generando lo que Freire llama la “castración de la curiosidad”. Y claro está que si analizamos algunas de las preguntas que plantean los profesores a sus estudiantes tales como ¿Existe Dios?, ¿Cuándo surgió el Universo?, ¿Quién fue Nicolás Copérnico?, ¿Quién descubrió América?, ¿Quiénes son los próceres de América Latina?, ¿Para qué sirve la matemática, la filosofía y la física?, pareciera ser que estamos enseñando grandes temas y promoviendo el conocimiento, sin embargo, los estudiantes que cada docente tiene hoy en clases se están preguntando otro tipo de cuestiones, tales como ¿Cuánto universos existen?, ¿Es posible viajar a través del tiempo?, ¿Podremos viajar pronto a Marte?, ¿Por qué se dice que no hubo descubrimiento, sino encubrimiento de América?, ¿Vivimos en un universo holográfico?, ¿Somos robots biológicos programados?, ¿Es la Luna artificial, quién la puso ahí y para qué?, ¿Cuántas civilizaciones han existido en el planeta antes que la nuestra?,
¿Quiénes, con una ingeniería imposible al día de hoy, construyeron Ollantaytambo, Puma Punku, Sacsayhuamán o las pirámides mayas y egipcias?, ¿Es nuestro origen extraterrestre?, ¿Son el Sol y los volcanes portales a otras
dimensiones o a otros puntos del universo? Todas estas preguntas, que parecen de ciencia ficción, hoy están profundamente más cerca y más ligadas a la ciencia que a los contenidos que se enseñan en las instituciones educativas. Internet y You Tube conforman la biblioteca más grande e impresionante a la que ha tenido acceso la humanidad en toda su historia, y es ahí donde preguntan atrevidamente nuestros niños y niñas, de modo que nosotros, en clases, no estamos satisfaciendo al preguntar esencial que tienen chicas y chicos de hoy. Las preguntas y réplicas para ellos están en otra parte, pero no en nuestra clase, puesto que las respuestas que entregamos sólo satisfacen a nuestras propias preguntas. Y para remate, no enseñamos a preguntar a nuestros estudiantes. Las
respuestas se las llevamos preparadas, trabajadas para preguntas que nosotros hacemos y que ellos jamás nos han hecho y quizás nunca nos hagan. Y en ello, por supuesto, que tienen toda la razón Freire y Faúndez.




